Sunday 20 del 04 del 2014
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¿Diez años ganados o perdidos?


"En términos humanos, la perfección no existe. Sin embargo, tampoco cabe duda de que este es el camino para salir del ya casi centenario estancamiento argentino". Por Adrián Carlos Corbella.

Nota escrita por el Prof. Adrián C. Corbella.

Nota escrita por el Prof. Adrián C. Corbella.

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La crisis del 2001 no fue un hecho circunstancial, sino una muestra clara del  final de un modelo económico. El 1 a 1, una política de dólar barato, generaba múltiples consecuencias.  Algunas eran positivas, como la baratura de los productos importados y de los viajes al exterior. Pero las negativas eran mucho más numerosas y devastadoras:  toda la producción industrial nacional se veía arrasada por esas importaciones baratas que, en términos reales, estaban subvencionadas por el propio Estado Argentino que mantenía artificialmente barato el dólar. A nivel social la desindustrialización y la recesión que sobre fines del período se extendió ininterrumpidamente durante 4 años, empujaba a amplias capas de la población hacia la pobreza  o la marginalidad. Las clases medias menos prósperas tendían a proletarizarse. Los obreros, especie en extinción en una economía que aniquilaba las actividades secundarias, se hundían en la marginalidad social y eran atrapados por el clientelismo más primitivo.
 
Pero el modelo, además de estos efectos negativos, tenía fecha de vencimiento, porque el dólar barato se sostenía con un endeudamiento creciente y la venta de activos del Estado –desde las empresas de servicios privatizadas hasta las reservas en oro del Banco Central fueron transformadas en dólares que servían para mantener alto el valor del peso-
 
Cuando Argentina no tuvo casi ningún activo más para vender (aunque con De La Rúa se habló de privatizar el sistema de salud estatal, proyecto que afortunadamente no se llegó a concretar) y agotó su capacidad de endeudamiento, cesó el ingreso de dólares y el valor de éste se disparó. A la vez quedó al descubierto lo que en economía se llama “multiplicación de los depósitos”:  ningún banco tiene realmente el dinero que figura en sus balances. Por eso, cuando hay temor y desconfianza y se produce una “corrida” (todo el mundo va al banco a buscar su plata al mismo tiempo), los bancos dejan de pagar. Eso fue, básicamente, el “corralito” y el “corralón”, que en el caso argentino se agravó porque muchos depósitos se hallaban nominalmente en dólares, moneda que Argentina no emite, y que los bancos ya no tenían realmente en sus arcas.
 
La Argentina posterior a la crisis, la de los 5 presidentes en una semana y el festival de cuasi monedas, era un país destruido. Hay que recordar que se hablaba de muchas provincias como de “unidades económicas inviables”. Los gurúes económicos neoliberales postulaban la dolarización, la creación de una banca offshore y la pérdida parcial de soberanía nacional instalando una supervisión político-económica externa (similar a la que sufre hoy Grecia).
 
El economista Jorge Gaggero, en un estudio publicado en abril de 2002 en la revista alemana Entwicklung und Zusammenarbeit (1) , señalaba que la existencia del país como tal estaba en riesgo:
 
“El Estado/nación argentino enfrenta hoy, sin embargo, los riesgos de su desaparición; podría constituir el primer caso –en un eventual deterioro del presente curso de los acontecimientos– entre los que parece preanunciar el rumbo globalizador.
Las amenazas no sólo proceden del campo económico y social: extrema desnacionalización; pobreza inexplicable; sangría creciente de sus recursos humanos más calificados; peso insostenible de una deuda externa que tiene como contracara –como ya vimos– la fuga de capitales de los argentinos privilegiados, que ven a su tierra como un ‘país-dormitorio’.” (Gaggero, 2002)
 
En la etapa de Duhalde (2001-2003) la devaluación permitió tornar más competitiva la economía, pero quedó pendiente el problema de una deuda externa que había sido generada por la convertibilidad y que no se había traducido en ninguna inversión productiva que originara ingresos que permitieran pagarla.
 
Si bien la Argentina de 2001, en la semana de Presidencia de Adolfo Rodríguez Saá, declaró el default con los bonistas privados, se seguían cumpliendo los compromisos con organismos financieros internacionales como el FMI. Esto era muy negativo porque el objetivo de estos organismos es imponer modelos neoliberales (2) en las economías deudoras, por lo que canjean “refinanciaciones”  -“pagar” deuda con más deuda-  por “reformas estructurales”. Y son justamente estas reformas las que dejan expuestos a los países deudores a cuanta crisis haya en el mundo, y les generan una realidad económica en la que no hay alternativas a la curiosa solución de “pagar” el endeudamiento con más endeudamiento; los países pagan y pagan, y cada vez deben más (3).
 
Néstor Carlos Kirchner desató este nudo con un espadazo, como hiciera Alejandro con el nudo gordiano, al pagarle al FMI toda la deuda de una vez y en efectivo, alejando así la perniciosa injerencia de los Procónsules imperiales del FMI que manejaban nuestra economía. Esta medida se profundizó tiempo después con la renegociación, con una quita histórica, de la deuda en default.
Algunos sólo ven en la bonanza argentina de esta década el efecto combinado de la devaluación del peso y del mejoramiento del valor internacional de las “commodities” (materias primas).  Señalan que esto generó un “viento de cola” que hubiera beneficiado a cualquier gobierno argentino, y que los resultados hubieran sido mejores con otras políticas. Esta es una visión muy superficial.
 
En primer lugar porque, como señala acertadamente Alfredo  Zaiat en su último libro, Economía a contramano (4), navegar en un velero con viento de cola no es fácil, y requiere de un Capitán experimentado y competente.
 
En segundo lugar, porque si bien los valores de algunas exportaciones primarias argentinas (como la soja) aumentaron mucho, fue muchísimo mayor el incremento del valor de los minerales o el petróleo, pese a lo cual los logros argentinos fueron iguales o mejores que los de los países que basan su economía en esos productos.
 
En tercer lugar porque, en este contexto de commodities con valores altos, Argentina fue EL ÚNICO país latinoamericano que ha evitado que se profundice la primarización de la economía. Al respecto, señala en Página 12 del domingo 28-04-13(5) el economista Mariano Kestelboim del SID-Baires :
 
“Según la Cepal, entre 2004 y 2011, en todos los países de Latinoamérica aumentó la participación de los productos primarios en la exportación total, excepto en Argentina, donde su participación cayó 4 por ciento. Este fenómeno es muy significativo en los países más industrializados. En Brasil la participación primaria creció 41 por ciento, en México 45 por ciento y en Colombia 31 por ciento, en detrimento de la industrial.” (Kestelboim, 2013)
“Un hito no considerado del proceso reciente es que históricamente el comportamiento de la economía local había estado condicionado por el rol asignado a América latina en la división internacional del trabajo. Sin embargo, a partir de una creciente administración pública soberana durante el referido período, se fue diseñando un esquema de organización interna de la producción que rompió por primera vez con el modelo de crecimiento aplicado en la región. Lo más notable fue que consiguió alterar el sendero de primarización.” (Kestelboim, 2013) (6)
 
Por eso, prestigiosos economistas extranjeros han destacado los logros de la economía argentina en estos años. Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía en 2001, escribió:
 
“Los países como Argentina, Brasil y China desplegaron muy buenas políticas macroeconómicas. Comprendieron la importancia de un estímulo keynesiano bien diseñado para apuntalar la economía y garantizar que el desempleo no se dispare. Hay un conjunto de aspectos que permiten que los países emergentes no se vean directamente afectados por la crisis. Por ejemplo, las regulaciones bancarias en muchos países son mucho mejores, de mejor calidad, que las de Estados Unidos y Europa. En algunos casos eso se debió a que los países ya habían atravesado grandes crisis. Argentina hizo muy bien las cosas en los últimos años para garantizar un fuerte crecimiento a tasas muy altas y controlar la inflación. […]
Argentina enfrenta, como muchos países emergentes, el desafío de controlar la inflación en un mundo en recesión. Es un tiempo muy difícil para llevar adelante esa tarea porque se experimentan shocks negativos de demanda y shocks inflacionarios externos. No hay una forma sencilla para atravesar ambos desafíos. El foco excesivo de los bancos centrales en controlar la inflación es un error, pero también es un error ignorar el fenómeno. La estabilidad financiera, el crecimiento y el empleo también tienen que formar parte de sus objetivos. La baja inflación no asegura el crecimiento sostenido. En Europa, la preocupación del Banco Central por los aumentos de precios es uno de los factores que debilita la economía. Por su parte Brasil logró crecer, pero su enfoque excesivo en la inflación ha dado como resultado tasas de interés muy elevadas, entre las más altas del mundo.” (7) (Stiglitz, 2011)
 
Por su parte Mark Weisbrot, prestigioso economista que escribe para diversos diarios de Estados Unidos y Gran Bretaña, señalaba en “The Guardian” al día siguiente de la muerte de Kirchner:
“Su rol en el rescate de la economía argentina es comparable al de Franklin Delano Roosevelt en la Gran Depresión de los Estados Unidos. Como Roosevelt, Kirchner tuvo que enfrentar tanto a los poderosos intereses económicos como a la mayoría de los economistas, que insistían en que sus políticas lo llevarían al desastre. Se probó que estaban equivocados, y que Kirchner tenía razón.” (8) (Weisbrot, 2010)
 
Por supuesto que la economía argentina no es perfecta, y tiene sus problemas, sobre todo vinculados a la inflación y el dólar.
 
La inflación, si se mantiene en términos razonables, es un fenómeno normal en una economía que crece (9). No así la deflación, el descenso de precios y salarios, que es un proceso aberrante que se da en economías enfermas. El problema comienza cuando la inflación se descontrola, carcome los salarios y genera presiones devaluatorias.
 
De todas maneras, lo que nunca debemos olvidar  es que generalmente las tensiones inflacionarias son generadas por grandes grupos económicos que, por su posición monopólica u oligopólicas, se transforman en “formadores de precios”. Estos grupos pretenden mayores ganancias por el mismo esfuerzo, y presionan para obtener una devaluación y a veces incluso favorecen golpes económicos que permitan  torcerle la mano al gobierno o derrocarlo.
 
La escasez de dólares tiene diversas causas. Algunas son inherentes al crecimiento económico logrado. La mayor producción industrial, la venta indetenible de electrodomésticos y autos, genera una demanda de energía y combustible que sólo puede ser compensada importando. La nacionalización de YPF, inevitable ante la incapacidad de REPSOL para aumentar la producción de petróleo y gas, fue necesaria, y quizás económicamente tardía -aunque seguramente se concretó cuando las condiciones políticas lo permitían-Esa medida intenta revertir esta preocupante necesidad de importar combustibles , cosa que la nueva YPF estatal no puede solucionar de un día para el otro (10)
 
En el primer trimestre de 2013 ya se importaron 2000 millones de dólares  en combustibles, cifra que supera el superávit comercial de ese período (1300 millones), según señala Claudio Scaletta (11).
Un efecto parecido causan las importaciones de bienes de capital para la industria:
 
“(…)el impacto de la desindustrialización de los años previos en el nivel de autonomía de abastecimiento de maquinaria no se pudo revertir aun con el aumento de la inversión registrado. Las compras externas de bienes de capital llegaron a representar el 65 por ciento de la incorporación de tecnología en 2011, mientras que a comienzos de la convertibilidad representaban menos del 40 por ciento, lo cual agudizó el problema de escasez de divisas.” (12) (Kestelboim, 2013)
 
Otra causa de la escasez de dólares es, como varias causas de la inflación, artificial y políticamente motivada. Los productores rurales, poco afectos al actual gobierno, retienen millones de toneladas de granos en silos-bolsa y retrasan todo lo posible la liquidación de los dólares generados por las exportaciones, especulando con la posibilidad de forzar una devaluación.
 
Por eso, muchas de las dificultades que presenta actualmente la economía no son inherentes al modelo o provocadas por malas decisiones de los funcionarios, sino generadas por corporaciones que pretenden boicotear la economía argentina. Lo dijo en un auténtico sincericidio el radical Ernesto Sanz, cuando manifestó su deseo de que la economía no se recuperase hasta octubre, ya que eso ayudaría a desgastar al gobierno y lo haría perder las elecciones legislativas (13).
 
Hace casi cuatro décadas, en 1975-76, Argentina comenzó a aplicar políticas neoliberales que pulverizaron su industria y empujaron a amplios sectores de la población a la pobreza y la marginalidad.
 
A partir de 2003, Néstor Kirchner y Cristina Fernández comenzaron a aplicar políticas neokeynesianas e industrialistas que permitieron revertir esa tendencia que parecía indetenible.
 
Por supuesto que ha habido imperfecciones y defectos, y que falta mucho. En términos humanos, la perfección no existe. Sin embargo, tampoco cabe duda de que este es el camino para salir del ya casi centenario estancamiento argentino. La alternativa, la única alternativa que se bosqueja con timidez y en forma elusiva pues los que la sostienen no se animan a enunciarla, es un regreso a políticas neoliberales las cuales, más rápido que tarde, conducirán a otro 2001.
 
En todo ámbito de la acción humana, construir es siempre mucho más difícil que destruir. Lo que se levantó esforzadamente en diez años, puede fácilmente demolerse en sólo uno si se entrega el poder a quienes, aunque no lo digan con claridad, quieren un regreso a los noventa.
 
 
 
NOTAS:
(1): “El mejor alumno en la picota”. Reeditado por Página 12 el 1 de abril de 2012 http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-5909-2012-04-02.html
(2): Respecto al rol del FMI puede consultarse Joseph Stiglitz: El malestar en la globalización, Ediciones Taurus, Buenos Aires, 2002 (Pags.36 a 43, 122 a 130 y 274 a 276)
(3): Al respecto es interesante ver las cifras online de las principales deudas externas del mundo http://usdebtclock.org/world-debt-clock.html
(4): Alfredo Zaiat, Economía a contramano, Planeta, Buenos Aires, 2012.
(5): Mariano Kestelboim: “Reindustrialización”, Página 12, 28-04-13 http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-6771-2013-04-28.html
(7): Entrevista realizada a Joseph Stiglitz en Página 12 el 28-08-11 http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-175542-2011-08-28.html
(8): Néstor Kirchner: Argentina's independence hero, The Guardian, 27-10-10 http://www.guardian.co.uk/commentisfree/cifamerica/2010/oct/27/nestor-kirchner-argentina-imf Mark Weisbrot es codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR), en Washington, D.C. Obtuvo un doctorado en economía por la Universidad de Michigan. Es también presidente de la organización 
 (9): Sobre inflación en Argentina es muy interesante la nota de Horacio Chitarroni Maceyra, para el periódico “Señales Populares” (dirigido por Norberto Galasso) , Año III, No.22, diciembre de 2010: “Acerca de la Inflación” http://adriancorbella.blogspot.com.ar/2011/01/acerca-de-la-inflacion-por-horacio.html 
(10): Ver por ejemplo “Desafíos para YPF” por Esteban Serrani (Página 12, 28-04-13) http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-6773-2013-04-28.html
(11): Sustitución incompleta, por Claudio Scaletta (Página 12 del 28-4-13) http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/33-6777-2013-04-30.html
(12): Mariano Kestelboim: “Reindustrialización”, Página 12, 28-04-13 http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-6771-2013-04-28.html
 
 
 
 

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