10/10/2016

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Hipnosis pura, melancolía y magnetismo: El Mató a un policía motorizado, otra vez la fiesta que prometió

La banda platense se presentó el viernes en Robert Nesta con un show potente que recorrió su carrera. Por Octavio Diosque
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El Mató A Un Policía Motorizado en Tucumán. Scheuschner PH.

Por Octavio Diosque para El Diario 24 | La banda conformada por Santiago Motorizado (bajo y voz), Pantro Puto (guitarra), Niño Elefante (guitarra), Doctora Muerte (batería) y Chatrán Chatrán (teclados) tocó este viernes en Robert Nesta y demostró una vez más ser líder de la movida Indie/ PostPunk de la Argentina. El Mató A Un Policía Motorizado fue “la fiesta que prometió” y se ganó a los tucumanos a partir del “magnetismo” que generaron sus canciones.


El recital estaba convocado para las 22hs y no comenzó hasta las 2am. La ansiedad estaba tan presente como el frescor de la noche, pero para ello había bandas teloneras. Antes de que El Mató subiera al escenario, los tucumanos Savonet Surfers y Sipegan Voys fueron los elegidos para hacerse cargo de la ansiedad. Un grupo de pop con sintetizadores y otro de rock distorsionado dieron su música y calentaron los motores de un público tucumano con ganas de agitar. Cada uno de los grupos tocó entre 30 y 45 minutos.


Terminada la participación de los teloneros, casi no dejando que salieran del escenario, el lugar se inundó de gritos, silbidos y cánticos llamando a su rey, el monarca del Indie Nacional. De la oscuridad de una escalera detrás del escenario emergen sus siluetas, no es fantasía, son los músicos listos posicionándose en sus lugares, pues ya no queda más espera. La próxima hora y media de show es El Mató entregando un recital imposible de olvidar.


No diferenciándose de sus otros recitales fin de semana a fin de semana, luego de breves saludos, el viaje comienza con “El Magnetismo”, canción del disco final de la trilogía “La Dinastía Scorpio”. Los cuerpos bailan y siguen la melodía de la corta canción que a su fin le da lugar a “cobra” que contará con los coros del publico tucumano repitiendo “Quiero vivir con vos/Quiero vivir con vos” a modo mantra.


Con el recinto a tope y la pregunta constante de “¿Robert Nesta no quedará chico para la locomotora de crecimiento que es El Mató?”, un sonido familiar llega a nuestros oídos, es “Violencia”, canción que inicia el LP homónimo, que a pesar de su muy reciente lanzamiento, fue cantada como himno. Luego llegó “Nuevos discos”, acompañada de pogos aislados, que se convirtió en la larga introducción instrumental y rockera de "Terrorismo en la copa del mundo" que inauguró de manera oficial el pogo generalizado.


El Mató sabe cómo llevarte desde lo hipnótico, a lo melancólico, al magnetismo, al agite y viceversa. Evidencias de eso sobran, pero salir de “Terrorismo en la copa del mundo” con el punteo inicial de “Vienen bajando” es el ejemplo perfecto.


Aplausos, gritos, silbidos, unas palabras de agradecimiento de Santi y llega “Amigo piedra”, un clásico tan ovacionado como cantado. Es poco claro a quien se refiere con amigo piedra, pero como si todos los espectadores tuviesen uno a quien dedicar la canción, la voz de los tucumanos se hizo sentir hasta tapar la voz del bajista líder, lo que le generó una sonrisa.




Así se sucedieron “La cara en el asfalto”, “Noche negra” y “Sábado”, esta última con un enorme pogo y con los tremendos movimientos épicos de la banda y sus instrumentos, siendo quizá uno de los momentos más rockeros de la noche y haciendo llegar a uno a la conclusión de “El Mató es una banda para ver en vivo”. Calmándose todo un poco luego con “El día de los muertos”.


La batería de Doctora Muerte y el Bajo de Santi se fusionan y dan pie a uno de sus más grandes clásicos “Mujeres Bellas y fuertes”, la platea femenina no tarda en reconocerlo y se hace dueña del recital, quizá plantando una bandera y diciendo “Esta canción es nuestra”. Lo que tiene mucho sentido, ya que más allá de que no haya habido un comentario oficial desde la banda, para muchxs la letra hace clara alusión a un femicidio.


El calor no era negociable, las remeras empiezan a volar y a volverse flameadores. La cerveza fresca era la pócima para mantenerse en pie bailando y cantando mientras que El Mató repasaba a lo largo del concierto lo mejor de su obra, que ya tiene poco más de una década. “La celebración del fuego”, “chica de oro”, canción que por cierto hizo bailar y saltar hasta el más madera del público y “El fuego que hemos construido” cerraron así una contundente primera parte.


Una guitarra un tanto abstracta que quedó sonando luego de “El fuego que hemos construido” se inmortaliza, no calla, es el único sonido que acompaña a los asistentes en ese momento de pausa, donde los vasos vuelven a llenarse de cerveza y se intercambian comentarios sobre lo hasta acá percibido.


El intervalo fue más bien “intervalito”, los platenses se colgaron los instrumentos y regresaron con “Rucho”, el instrumental lanzado en “Violencia” que captó de forma hipnótica a los tucumanos y los llevo junto a “Aire fresco” y “El baile de la colina” que completaron así el repertorio del Maxi-Simple presentado a fines de 2015.


Santiago Motorizado amaga con despedirse, mide la oposición de su público, el magnetismo es claro y sabe que el show debe continuar, así que un riff de bajo, mientras bromea sobre la cantidad de temas que tocará para despedirse, se convierte en la introducción de “Navidad en los santos” y El Mató es “La fiesta que prometió” y mucho más. Ya no hay vuelta atrás, la decisión está tomada, la banda oriunda de La Plata se despide con sus canciones más rockeras y con mucho pogo: “Yoni B”, “Mas o menos bien” y “Mi Próximo movimiento” son garantía de agite, descontrol y del espíritu punk que todos sabemos que El Mató A Un Policía Motorizado tiene.


La noche parecía no tener fin, y con “Chica Rutera” marca su final. Éxtasis, hipnosis, rock, magnetismo. Son muchas las palabras para definir lo que ese Robert Nesta colmado sintió. Lo que si sabemos con certeza es que El Mató no tiene techo y que Tucumán estará esperando con ansias otra “Misa Motorizada”.





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