12/10/2016

Tucumán

51º Edición

Pasó ya otro Monteros de la Patria, Fortaleza del "Folk and Rock"

Por: Leandro Aparicio
Miles de personas participaron del imponente Festival Nacional, que dejó una vara muy alta para los demás de nuestro Tucumán festivalero.
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Fito Páez, el distintivo de esta edición. Foto: monterosdelapatria.com

Pasó una edición más del Monteros de la Patria, Fortaleza del Folclore (avisen a La Gaceta que "Canta A La Patria" es en Lules). Y cuando ya estamos a mitad de semana, puede quedar medio colgado este artículo, pero a veces es bueno tomarse unos días para pensar y poder reflexionar en frío.

Fue la edición número 51 y como en cada una de ellas (y la de cualquier otro festival), hubo un trabajo de meses que se esfumó en tan solo un fin de semana.

Durante 4 noches cientos de miles de personas depositaron sus expectativas en una renovada comisión organizadora que supo responder a la demanda. Seguramente solo hay desilusión por parte de los seguidores y seguidoras de Luciano Pereyra, que como todos sabemos, debe alejarse de los escenarios por un tiempo.

Hay que felicitar a todas las personas que trabajaron para que el festival salga como salió porque no es nada fácil. Durante la marcha hay problemas por resolver, imprevistos, y cuando uno cree que cuando arranca la edición se acaban los problemas, llegan más. Como cuando los cantantes se enojan porque los mandan después del artista principal (y el público se va). Pero eso pasa siempre, y esto no debe apagar la fiesta.




Fue una cartelera convocante, para el gusto y sorpresa de todos. Sin duda alguna la joya de este festival, que distinguirá al Monteros de la Patria, es la presencia de Fito Páez.

Que Fito fuera el reemplazo elegido para Luciano Pereyra fue polémico, pero con un espectáculo de poco más de 60 minutos y un público atento a sus palabras y canciones, silenció cualquier crítica negativa a su presencia en un festival "folclorico". Fito Páez será bien recibido en su próxima venida y ojalá se le haga costumbre.

El espectáculo de los demás ya es conocido, pero no por eso no dejan de ser convocantes y entretenidos, todavía más en provincia tan festivalera que hace que hasta Sergio Galleguillo bromee con venirse a vivir a Tucumán por la cantidad de presentaciones que tiene por año.

Lo que hace el Gallo, lo que hace El Chaqueño Palavecino, lo que hace Néstor Garnica, lo que hacen Los Manseros Santiagueños, lo que hacen Las 4 Cuerdas, lo que hacen Los Tekis, lo que hacen los Huayra, lo que hace Peteco Carabajal, ya es conocido. Son clásicos que no deben faltar en un gran festival. Convocan, llenan, divierten y hacen que el negocio funcione.

Lo que hace Fito Páez -en vivo- no es masivamente conocido por aquí, y tanto él como el público ampliaron su espectro.

Su presentación hace pensar en que quizá es momento de dar lugar más lugar a nuevos formatos que se están dando su espacio con mucho trabajo. Ya poco se ve a grupos que solo canten con bombo y guitarra, eso no gusta gran cantidad de gente, solo a los conservadores que pareciera que le tienen miedo a una batería y la distorsión.

¿No es oportunidad para que en los festivales haya cantantes y/o grupos que se distingan de la masa, que hagan algo distinto, pero no contrasten completamente? No perjudican, solo algún "conservador" reniega un poco solamente.




No es que trajeron a Lali Espósito para cantar la misma noche que el Chaqueño Palavecino (como pasó en el Jesús María), fue Fito Páez, un grande de la cultura argentina, un embajador. Un híbrido del "folclore argentino" y el "rock argentino". Como él hay varios, pero eso es nota aparte.



Después de todo la palabra folclore significa "saber del pueblo" y el rock, el tango, la cumbia y otros tantos géneros también son parte del folclore argentino. Y si alguien piensa que el folclore como género musical es autóctono de nuestro país, avísele que la guitarra criolla fue traída por los españoles, el bandoneón por los alemanes y los ritmos son el resultado de la mezcla de las múltiples nacionalidades, culturas y orígenes que hay en el país.

Un párrafo aparte de merece el predio, que sin contar los estadios de fútbol, el Gimnasio Municipal de Monteros es uno de los más grandes de Tucumán. No tiene qué envidiarle al predio del Central Córdoba, sede del Festival Atahualpa Yupanqui.



Cuenta con un escenario fijo que es el más grande del norte argentino. Pero está en desuso por la obsolescencia que presenta ante los modernos sistemas de sonido, pantallas gigantes e iluminación. Sin duda alguna, este nuevo gobierno municipal tiene la oportunidad de modificarlo, de actualizarlo. Es una pena que el Antonio Acosta quede detrás de otro escenario.


La entrada al predio, el espacio al aire libre, la ubicación de ranchos, cantinas y baños dan comodidad al público. Mientras que para los artistas, debajo del escenario hay toda una estructura con camarines, baños y accesos recientemente remodelados. Están cómodos y lo hicieron saber.


Pasó otro festival que por lo que se puede ver en el rostro de la gente y leer en las redes sociales, brindó buenos recuerdos, buenos momentos. Una forma de no desilusionarse es no ponerle muchas expectativas a algo, hay que dejar lugar a la sorpresa. Y este festival estuvo sorprendente.



Madrugada de lunes, Gimnasio Municipal repleto. Imagen gentileza monterosdelapatria.com




Y antes que digan algo del título, solo fue un enganche (como otros tantos) para que se encuentren leyendo esta nota, que trata de plasmar lo que se vivió durante un largo fin de semana. Pero aclaro que el rock siempre está, es una esencia invisible.


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