15/04/2017

Opinión

¡Felices Pascuas! La casa está en orden

La célebre frase de Raúl Alfonsín quedó registrada en la historia cuando sofocaba, junto al pueblo argentino, la intentona golpista que venía del otro lado de la grieta.
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Raúl Alfonsín en su histórico discurso de Semana Santa.

Hace exactamente 30 años, la casa estaba en orden. La histórica frase de Raúl Alfonsín desde los balcones de la Casa Rosada llevaba alivio a millones de argentinos que desde hacía varios días vivían angustiados por el levantamiento de una banda de delincuentes sediciosos del Ejército que se habían rebelado para evitar que la Justicia los convoque a rendir cuentas sobre los atroces crímenes que habían cometido durante la dictadura cívico militar de 1976-1983

Poco después del mediodía de ese Domingo de Resurrección del 19 de abril de 1987, Alfonsín cerraba las jornadas de zozobra de la Semana Santa acompañado por millones de personas en las plazas de toda la Argentina con imágenes de una Plaza de Mayo desbordada como pocas veces en la historia. 

Lo más rescatable de esos días es el acompañamiento con el que contó el entonces Presidente para frenar el intento golpista de los deominados "carapintadas" encabezado por el impresentable coronel Aldo Rico, reconvertido después en peronista del conurbano bonaerense, y por otros uniformados, como Juan José Gómez Centurión, que en este 2017 forman parte del gobierno de Mauricio Macri

Cuando el pueblo se movilizó en apoyo al gobierno democrático no había distingos. Italo Luder, quien había sido derrotado por Alfonsín en las presidenciales de 1983, lo acompañó todo el tiempo en el balcón de la Casa Rosada. Saúl Ubaldini, líder la CGT que ya le había hecho varios paros al Gobierno, lanzó a cientos de miles de trabajadores a la calle a defender al gobierno del hombre al que criticaban ferozmente. 

Los más duros rodearon Campo de Mayo, convertida en guarida de los golpistas, decididos a enfrentarlos y con la premisa de no dejarlos salir para garantizar que fueran detenidos, tal cual sucedió cuando se rindieron. Obviamente la "izquierda" más radicalizada se quedó en los locales discutiendo sobre alguna coma o punto mal puesto en un incendiario panfleto. 

Pero ¿cómo llegó la Argentina a ese clima de rebelión? De la misma manera que siempre se atentó contra la democracia. Alfonsín fue ferozmente perseguido por la Iglesia Católica por su impulso a la ley del divorcio. Con la misma ferocidad que con los años se vería enfrentar a la Ley de Matrimonio Igualitario o actualmente a la posiblidad de legalizar el aborto en hospitales públicos

Basta recordar el entredicho de Alfonsín con monseñor Medina, sacerdote del Ejército, el 2 de abril de 1987, pocos días antes del levantamiento acusando al gobierno de corrupto. El Presidente se subió al púlpito y le contestó en una actitud que no tenía precedentes

Y en otro aporte al golpismo, el infaltable diario Clarín echaba leña al fuego con publicaciones que manipulaban a la opinión pública. La tergiversación de los hechos en titulares golpistas tenían a maltraer a Alfonsín que se vió obligado a denunciarlos en un discurso el 13 de febrero de 1987

Tampoco estaba ausente "el campo", esa entelequia que surge de las entrañas de la vergonzosa Sociedad Rural Argentina, golpista por antonomasia, a cuyos integrantes Alfonsín les proferiría, poco después, lo que estos conspiradores natos consideran el peor insulto: "No creo que sean productores rurales"

Al mismo tiempo, los políticos "peronistas" que después se sumarían fanáticamente a las huestes neoliberales de Carlos Menem, como Jorge Triacca, pactaban con los "carapintadas" para armar gobierno en caso de triunfar el golpe. Triacca no lo logró pero dejó la cría que vendría a encargarse de un área de gobierno del macrismo. 

La casa estaba en orden, con los protagonistas en el lugar que debían estar, con la grieta tan profunda y tan insalvable como la de 2017 lo que demuestra que los bandos en la Argentina no surgieron en el Siglo XXI y ni siquiera en ese segmento ni en cualquiera del Siglo XX, es un arrastre que viene desde el momento mismo del parto de la Patria, sin imaginarias anchas avenidas del medio que son más bien colectoras electorales al servicio de los intereses económicos hegemónicos que se maquillan para ocultar el rostro del servilismo. ©eldiario24.com



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